lunes, 2 de mayo de 2011

QUE NO ME ENCUENTREN

De todas las poesías (o similares) que he podido escribir, puede que ésta sea una de las más directas en cuanto a su significado y de las que, por lo tanto, necesita menos presentación.
Viene a decir, en pocas palabras, que, en una época en las que todo y todos somos 'encontrables', también apetece, de vez en cuando, perderse, resultar inaccesible para el resto del mundo o, en todo caso, para el resto del mundo menos alguien en concreto (el matiz 'romántico' es, como casi siempre, si bien, no carente de importancia, 'secundario', una excusa para expresar de forma más clara lo que se quiere decir).
Esta 'criatura literaria', nacida de unos versos concretos (los dos que cierran el 'estribillo') que se me ocurrieron, como otros muchos, en una noche de insomnio, responde al nombre de 'Que no me encuentren' y dice así:

Que no me encuentren vagando,
mezclando droga y desidia,
lirismo y vulgaridad,
lavabos, sangre y poesía.
Que no me encuentren colgado
del vuelo a ras del cemento,
del sexo ya cotidiano,
del vicio como argumento.
Que no me encuentren sin ti…

Que si te marchas, me araño
la piel, la voz, la decencia,
me encelo y nado en colchones
manchados de adolescencia
y, cuando quieras, me raptas,
haremos que no sospechen,
que, si me pierdo en tus brazos,
es para que no me encuentren.

Que no me encuentren cargado
de absurdas melancolías,
de depresiones buscadas,
de inmundos versos suicidas.
Que no me encuentren cantando
con la garganta agrietada,
el corazón, desangrado
y la voz, amoratada.
Que no me encuentren sin ti…

Que si te marchas, me araño
la piel, la voz, la decencia,
me encelo y nado en colchones
manchados de adolescencia
y, cuando quieras, me raptas,
haremos que no sospechen,
que, si me pierdo en tus brazos,
es para que no me encuentren.

Que no me encuentren vagando…

lunes, 28 de marzo de 2011

AHMED

Hoy me toca ofreceros una de mis (por otro lado, muy escasas) composiciones de carácter político, social, reivindicativo o como queráis llamarlo escrito, si mal no recuerdo, allá por 2003-2004...
La verdad es que se trata de un poema que no tenía previsto exponer por aquí y que tenía más bien olvidado, pero los últimos movimientos 'revolucionarios' (hay muchas formas de denominarlos) en el mundo árabe (extendiéndose ya por el persa) y las continuas noticias que siguen llegando sobre el conflicto palestino-israelí hicieron que recordara estos versos y me animaron a mostrároslos...
Lejos de expresar algún tipo de opinión política al respecto de este último tema (aunque soy muy consciente de que el plumero siempre se le ve a uno cuando habla de ciertos asuntos) en estas líneas que siguen no pretendo más que intentar imaginar lo que pueda ver y sentir un chavalín de pocos años que vive en la franja de Gaza que se ve envuelto en una guerra que no entiende y en la que, no tardando mucho, le obligarán a participar...
Pues nada, ya os dejo con estos (algo ingenuos) versos (que, como casi todos, nacieron con la idea de ser letra de una hipotética canción) que responden al título de 'Ahmed', y que dicen así;

Ahmed no sabe lo que es jugar,
no ha visto nunca un patio con flores
y no comprende por qué le obligan
a abandonar su casa...
sin explicaciones.

Ahmed no entiende por qué unos pocos
levantan muros entre su gente,
por qué los tanques tiran chabolas,
por qué los niños de Gaza acaban
poniéndose enfrente.

Ahmed no entiende
por qué en la calle no hay más que polvo,
él no lo entiende...
y yo tampoco.
Ahmed...

Ahmed se ve en un fuego cruzado,
no hay quien le explique que está pasando,
por qué aquí todo el mundo se cose
el odio al alma y bombas al pecho,
por qué sus hermanos.

Ahmed no entiende...

Pobre Ahmed, suelta una paloma
que nunca llegará a su destino,
que, entre desahucios y bombardeos,
siempre confundirá su camino.

Ahmed no entiende...

domingo, 20 de febrero de 2011

DIARIOS DE CAMPOS OTOÑALES

Después de este 'impasse' tal vez demasiado largo, abro de nuevo mi 'muestra literaria' avanzando en el tiempo hasta el curso 2004-2005, no recuerdo bien la fecha exacta.
Por entonces, me encontraba en mi segundo año de Antropología Social y Cultural. Entre las distintas asignaturas que tenía, sin duda, la más complicada (al menos, la que suponía, un mayor esfuerzo) era la de Prácticas (de hecho, alargué mis estudios para dedicarme en exclusiva a sacarme dicha materia), que consistía, fundamentalmente, en la elaboración de una investigación antropológica de temática, más o menos libre.
Una de las tareas específicas a realizar era la redacción de un Diario de Campo, que, en pocas palabras, es la transcripción, lo más concreta, objetiva y completa posible, de lo observado durante las sesiones de investigación.
Pensar en la complicación que me suponía llevar a cabo este ejercicio, me sirvió de inspiración para escribir (durante una clase teórica de la ya citada asignatura) estos versos (nuevamente, más cantables que recitables), que, sin intención previa, terminan quedándose, tal vez, a medio camino entre Sabina y Ricardo Arjona (cantautor guatemalteco considerado un 'semi-dios' en gran parte de Latino-América y capaz, en mi opinión, de lo mejor y, a menudo, de lo, digamos, 'no tan bueno') que responden al irónico nombre 'Diarios de Campos Otoñales' y que dicen así:

Tengo una vida en la recámara,
una canción en la guantera,
una aventura que inventarme,
y una razón en las aceras.
Tengo unos sueños inconcretos,
una memoria que me escuece,
la inspiración trasnochadora
y el raciocinio intermitente.
Tengo una musa desdeñosa,
una caricia que me debe,
diarios de campos otoñales,
circos de enanos que me crecen.
Tengo metáforas forzadas,
un inventario de vaivenes,
un dormitorio hueco y grande
y cien mujeres en mi mente.

Ven y quédate a mi lado
cuando nos apriete el frío,
cuando no nos quede nada,
cuando todo esté perdido.

Tengo una autodedicatoria,
treinta baladas sobre mí,
un amor propio en horas bajas
y una postal que me escribí.
Tengo un retrato del vacío,
una ventana empapelada,
complicidad con las esquinas…
y otra sesión de madrugada.
Tengo un acorde atravesado,
una palabra reticente,
una obsesión que me delata,
y una imaginación vehemente.
Tengo bolsillos… para qué,
álbumes que olvidé qué guardan,
tu desnudez, más espejismos
y la inocencia adulterada.

Ven y quédate a mi lado
cuando nos apriete el frío,
cuando no nos quede nada,
cuando todo esté perdido.

viernes, 31 de diciembre de 2010

EL VERSO ME INVADE

Tal como 'amenacé' el mes pasado, hoy daré cuenta de otro de mis primeros 'poemas'.
Éste, en concreto, data de la primavera del 2001 (es decir, de allende mis primeros 'tiempos creativos'), y, girando sobre el mismo tema que absorbía mi literatura en esa época (el amor apasionado, ingenuo y juvenil, tan propio de esa edad y de los 'primeros pasos' de casi todo 'versificador' que se precie), constituye otro de mis primeros 'trabajos' escritos con cierta agilidad y continuidad.
Esta 'poesía cantable' (ya os comenté que ésa es la idea con la que comencé a escribir... De ahí, por ejemplo, el 'estribillo que se repite) que os traigo aquí por el motivo comentado en el párrafo anterior y porque da nombre a mi primer intento de 'Antología Poética' (allá, por Verano de 2001, con motivo de un concurso literario) tiene por título 'El Verso Me Invade' y dice así:

El verso me invade
si pienso en tus ojos,
se mete en mis noches,
hambrientas de gozos.
El verso me invade
si, ahora, te escribo
pidiendo tus besos,
soñando contigo.

El verso me invade,
de pronto aparece,
me atrapan sus brazos,
me pierdo en sus redes.

El verso me invade
de noche, de día,
nombrando tus pasos
de niña perdida.
El verso me invade
si me ve cansado
de amarte sin verte
tumbada a mi lado.

El verso me invade,
de pronto aparece,
me atrapan sus brazos,
me pierdo en sus redes.

El verso me invade
si, roto en anhelos,
me escondo y no logro
decir que te quiero.
El verso me invade,
me encierra en silencio,
y ya me consuela
fingiendo tus besos.

El verso me invade,
de pronto aparece,
me atrapan sus brazos,
me pierdo en sus redes.

domingo, 28 de noviembre de 2010

LA MINA DE MI LÁPIZ

Mientras intento meter un poco de 'caña' a mi creatividad (que se ha debido unir a sindicatos y demás colectivos sociales y ha decidido ponerse en huelga temporal), retomaré en esta entrega y en la siguiente el repaso a mi primera época (entre 1999 y 2000, aproximadamente), bastante más 'naive' (en un grado que sé que para algunos puede resultar sonrojante) y en la que, como otros tantos 'versificadores' que no llegan a la veintena, redactaba más por inspiración 'cantautoril' que propiamente poética.
Sin embargo, su revisión siempre se me antoja necesaria por los recuerdos que me pueda traer, para rescatar los trazos, los aspectos que me siguen pareciendo interesante de mi 'poesía post-adolescente' y comprobar lo que he podido avanzar tanto en mi escritura como en mi cinismo.
De esta etapa ya comentada os traigo hoy este texto llamado 'La Mina De Mi Lápiz', del que recuerdo que fue uno de los primeros que pude escribir de una sola pasada y la más que meritoria melodía (que parecía recién 'sacada' de algún paraje perdido de Los Andes) con la que lo acompañó mi tío Gera, y que dice así:

La mina de mi lápiz,
guiada por tu cuerpo,
se afana en describirte
pariendo otros cien versos.
La mina de mi lápiz
te escribe cada noche,
se gasta pretendiendo
juntar dos corazones.
La mina de mi lápiz...

La mina de mi lápiz
se aferra a clavos que arden,
consume folio a folio
queriendo que me abraces.
La mina de mi lápiz
me mira sin consuelo
quizás porque hoy tampoco
se acercarán tus besos.
La mina de mi lápiz...

La tinta de mi pluma
se muere ya sin verte
cual signo de que nunca
podrá mi piel tenerte.
La mina de mi lápiz
se cansa de llorarte,
de hacerte versos tristes
y de no enamorarte.
La mina de mi lápiz...

martes, 26 de octubre de 2010

MÁS ALLÁ

Otra entrega 'romanticona' y ya entrada en años... En concreto, de comienzos de 2004, cuando, sin alejarme de este tono apasionado y bastante almibarado que me caracterizaba al principio (que todavía me invade a la hora de escribir), empezaba a introducir (o, al menos, eso intentaba) elementos más callejeros y 'canallescos' en mis versos.
Para que se comprenda, esta 'poesía' no es más que una especie de homenaje (salvando las distancias, creo) al estilo 'literario' (o 'letrístico', podría decir) de cantautores (y similares) tipo Antonio Vega o Quique González (al que llego a citar aquí y al que, por cierto, tuve la oportunidad de entregar personalmente este escrito) con una idea tan ingenua e imperecedera a la vez como el amor incondicional como telón de fondo.
Dicha 'obra' tiene por nombre 'Más Allá' y dice así:

Más allá de palabras vacías,
de llenarme el cuaderno de tópicos,
de gastarme mis pocas ideas
dedicándote mi repertorio...
Más allá de escribir al 'tuntún'
lo primero que viene a mi mente,
de quedarme las tardes cantándote,
más allá de exhibir mi creciente
adicción a los bares,
a las canciones tristes,
a las calles desiertas,
a los discos de Quique...
Más allá de todas esas cosas
hoy me queda saber que me esperas.

Más allá de las noches en Huertas,
de cruzarme de un bar al de enfrente,
más allá de quedarme colgado
por princesas de clubes de alterne,
de autopistas en obras,
de avenidas cortadas,
de buhardillas en ruinas,
de pensiones baratas...
Más allá de todas esas cosas
hoy me queda saber que me esperas.

lunes, 20 de septiembre de 2010

SIENTES

Muy buenas!!!
Retomo mi pequeño repaso a mi 'obra literaria' tras el parón estival con este 'poema' escrito hace, aproximadamente, 5 años y medio.
Siempre me han inspirado (como a otros muchos escritores, y, sobre todo, un buen número de letristas de canciones, tanto españoles, como Joaquín Sabina, Antonio Vega y Enrique Urquijo, entre otros muchos, como extranjeros, de los que el mejor ejemplo que me viene a la mente en este momento es Elliot Smith con su maravillosa canción 'Between The Bars') la tristeza, el desamparo y la belleza que éstos parecen adquirir cuando se ven reflejados en una figura femenina.
Con esto no quiero decir que los siguientes versos se dirijan exclusivamente a un ser femenino, que la tristeza las (os) haga más bellas y 'deseables' ni que la tristeza en los hombres pueda resultar menos 'poético' (que término más escabroso a la hora de definir), pero sí es cierto que el abatimiento y la desazón encarnada en la mujer parece poseer esta fuerza 'imaginativa' que resulta necesaria para ponerse a escribir.
Así me ocurrió al menos con este texto, de título 'Sientes', y que dice así:

Sientes
que tu tren te ha dejado en tierra,
que salió a medianoche,
que ha partido con las maletas
que encerraban canciones.
Temes
que no queden en la ciudad
luces que te den calma,
más portales donde esperar
ese dedo en tu espalda.

Dudas
de la mano que te tendieron,
de los guiños piadosos,
de la esquina en la que nacieron
tus primeros negocios.
Tiemblas
como sombra del parque viejo
sobre un banco de piedra,
como el beso no verdadero
que se entrega a cualquiera.

Pides,
la verdad es que pides poco,
un momento de paz
al calor de unos ojos
que no vuelen sin más.
Quieres,
si supieras que es lo que quieres,
si quedara una luz,
simplemente, alguien que te espere…,
si lo supieras tú.